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miércoles, 22 de junio de 2011

Adaptación del cuento "La sentencia" de Wu Ch'eng- en

"Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.
A la mañana siguiente el emperador relató su sueño a Wei Cheng, éste reaccionando con estupor dijo:
- Señor Emperador: ¿usted no leyó “La interpretación de los sueños” de Sigmund Freud? Según este libro lo que usted tiene es un serio conflicto con su madre, el dragón la simboliza y su inconsciente me sentencia a mí, que soy su hombre de confianza, a que le corte la cabeza, es decir, que la convenza de dejar de meterse en su matrimonio o la emperatriz se va a ir con el primer samurái que la mire dos veces…
Pero yo, Wei Cheng, gran conocedor de la ancestral escuela freudiana, voy a liberarlo de ese problema.
A medida que pasaban los días, la madre del emperador iba retirándose discretamente del palacio, dejó de opinar acerca de la vestimenta de la emperatriz, de cómo cocinaba, incluso ignoró el polvo que se amontonaba en las figuritas de origami que pululaban por el palacio, más aún, se dedicó de lleno al fen shui y solo iba al palacio de cuando en cuando.
Una de esas noches el emperador volvió a soñar con el dragón, esta vez se presentaba sin cabeza y le decía:
- ¡Oh mi amado Señor! Juraste protegerme, y no solo lo has cumplido, sino que me has liberado. A tu pies mi cabeza y mi gratitud eterna. - Dicho esto, el dragón abrió sus enormes y fantásticas alas doradas y voló. Lejos, muy lejos.
Cavilaba el emperador su sueño durante la mañana cuando de pronto vio en la bandeja de la correspondencia un sobre que decía: “Haber perdido mi cabeza hizo que encuentre mi corazón”.
Tomo el sobre y lo abrió, dentro, una pequeña esquela rezaba así:
Amado hijo mío: decidí que era hora de tomarme unas vacaciones, en este preciso momento estoy con un mojito cubano en la mano navegando en un crucero de lujo por las costas caribeñas, espero que lo entiendas y que te encuentres muy bien.
Tu madre que te adora.
P.D.: Debes buscar otro fiel ministro ya que Wei Cheng se encuentra conmigo. Nos casamos ayer.

Palabrejas

Amores que se disfrazan de amores, amores con faltas de ortografía, mal de amor, amor con mayúscula, amores eternos, platónicos, agónicos. Amores enfermos. Amor con culpas, amor con factura, amor en deudas, deudas de amor, amores con baches, amores en huelga, amores presos y presos de amor, amor de mentira, pequeña rutina, amor inconcluso, amor de verdad...

domingo, 22 de mayo de 2011

Escribir


Escribo desde chica, diarios íntimos, poesías tristes, cartas interminables a mis amigas, a mi marido, que nunca les entrego. Suelo escribir pequeños cuentitos cuando doy alguna clase, me gusta relatar pequeños momentos de mi vida desde el humor para introducir a los niños en algún tema o simplemente para mí, para que queden encerrados en un cajón de la mesita de luz o en un una carpeta que casi nunca abro en la PC.

Pero siempre, siempre, siento mucha vergüenza que alguien lea lo que escribo, a menudo pienso que quienes no tienen un contacto íntimo con la escritura ajena, no podrán comprender lo que significó en ese momento para mí escribir eso, y que quienes lo tienen considerarán lo mío como algo banal e intrascendente, carente de estética y forma literaria alguna, sin embargo, no puedo dejar de hacerlo, de volcar en un papel lo que pienso, siento y creo.

Lo que más me gusta es esa ambigüedad que me provoca escribir, la angustia de mi mediocridad matizada con el placer plasmarlo.

Esto es de manera resumida lo que me pasa a mí, una mujer adulta con la escritura, ahora me pregunto: ¿Cómo canaliza estos sentimientos un niño en edad escolar?

Cuando les dije a mis alumnos de segundo grado que escriban una rima que después entre todos íbamos a armar una poesía, uno me contesto: “Seño, nosotros no podemos hacer eso, ni siquiera vos. No somos escritores”

Tal vez, nos cuesta desterrar, sobre todo a mí, que solo los otros escriben.

viernes, 22 de abril de 2011

Inescrupuloso


Pedro se disponía a comerse un suculento huevo frito cuando descubrió la tragedia: la bolsa de las milonguitas estaba vacía. Miró su reloj, apenas faltaban tres minutos para la una del mediodía, si se apuraba llegaría antes de que la panadería cierre y con suerte podría comprar las últimas dos o tres milonguitas que le quedarían a esa hora.
Sin pensarlo dos veces, corrió a la calle, atravesó el jardín y ganó la esquina, cuál no sería su sorpresa cuando casi atropella a Don Esteban, su vecino, que salía de su casa con la misma prontitud que él.
No hicieron falta palabras, cada uno en los ojos del otro divisó el objetivo: hacerse de las últimas milonguitas de la panadería, ambos se miraron como dos gallos de riña, compararon fuerzas y sin mediar palabra alguna emprendieron la carrera.
Don Esteban, a pesar de ser mayor que él, tenía un mejor estado atlético e inmediatamente le sacó casi una cuadra de ventaja. Pero Pedro no se desmoralizó, cuando pasó por la puerta de Doña Rosita, entró al jardincito y al grito de guerra de “en un rato se la devuelvo” se montó en la bici y emprendió nuevamente el camino.
Faltaban apenas una cuadra para llegar a destino y ni noticias de Don Esteban, “claro – pensó riéndose por dentro –con la bici le debo haber sacado dos cuadras de ventaja”
Cuando al fin llegó a la panadería menuda decepción se llevó, ya había cerrado. Golpeó la puerta lo más fuerte que pudo y después de un rato salió Chicho, el ayudante del panadero que le dijo que ya no quedaba más pan, pero que Zoraya su esposa, le daría dos o tres para sacarlo del apuro
Se iba Pedro tan contento por haberle ganado a Don Esteban que no se dio cuenta del gigantesco bache que había delante suyo, cayó desparramado, milonguita de sombrero, y estaba aún tratando de reponerse del golpe cuando se acercó Don Esteban a ayudarlo.
- Pobre Pedro, que golpe te has dado, dejame ayudarte, discúlpame que antes salí tan apurado y ni te salude, es que tenía miedo a que cierre la verdulería, me había preparado un churrasquito y no tenía tomates…visto es que a vos te pasó lo mismo pero con la panadería… vení, vení que doy unos pancitos.

martes, 22 de febrero de 2011

Muero



y me muero...
y te extraño...
y la noche es fría...
y la cama está vacia...
y tu espacio no se llena...
y tu olor me despierta...
y te busco
y no estás
te perdí en esta oscuridad
Ya no hay luz y yo me muero
sin tu amor
la noche pasa
y yo te extraño
y te amo
pero no puedo
pero si quiero
y me muero amor,
me muero...

sábado, 22 de enero de 2011

Jasín y Shaíta


El príncipe Jazín estaba enamorado de Shaíta, la hija del herrero, pero sus padres, los reyes del Gran Reino Azul le tenían terminantemente prohibido acercase a ella debido a que no era de la nobleza. La belleza de Shaíta era tan singular que no solo el príncipe estaba enamorado de ella, casi todo el palacio suspiraba de amor, entre ellos el gran guerrero Fragur.

Una noche mientras Jazín contemplaba extasiado a Shaíta, se acercó Fragur y al ver sus ojos de enamorado le dijo que él podía ayudarlo a quebrantar la prohibición de sus padres sin que estos se enterasen. El amor que sentía por Shaíta era tanto que, a pesar de tener que desobedecer a sus padres, el príncipe aceptó.

Fragur lleva al príncipe a las afueras del palacio diciéndole que allí se encontraba Shaíta esperándolo, pero su secreta intención era que el gran Pájaro de Fuego que asolaba de noche el bosque lo atacara y lo matara.

Tal era la desolación del príncipe cuando descubrió que Shaíta no vendría, que ni siquiera notó que el Gran Pájaro de Fuego estaba junto a él y conmovido por tanta tristeza le contó que Shaíta no era otra que la princesa Carmín del Reino Rojo, que había sido cambiada al momento de nacer por un hada malvada, como prueba de ello, le regaló un oráculo en que se podía ver todo el pasado incluso, el engaño de Fragur.

El príncipe regreso al palacio, contó la historia a su padre, y éste emocionado autorizó la boda.

Una semana después, el único que no estaba alegre era el guerrero Frangur que como castigo a la traición lo habían mandado a cazar cuatrocientos millones trescientos veintiún mil doscientas treinta y dos ranas para el gran banquete que se daría en el palacio celebrando la boda de Jazín y la princesa Carmín.

De docentes y alumnos


Te pago lo justo… (2° Grado)

Sabrina era muy rápida con las cuentas de restar.
- ¿Seño, sabés porque me salen rápido? Porque pienso en plata, si tengo 10 pesos y gasto 2 me sobran 8 es re fácil
Cuando hizo la cuenta 12 – 6 puso que era igual a 4
Cuando le pregunté cómo había hecho la cuenta que le daba ese resultado me dijo:
- Si gasto 6 pesos, ¿para qué le voy a 12, si con 10 me alcanza? 10 – 6 es igual a 4

Sociedad Argentina de Escritores… (2° Grado)

- Vamos a escribir una poesía entre todos.
- Eso no lo podemos hacer… ni siquiera vos. Nosotros no somos “escribidores de libros”

Decepción (4° Grado)

- Seño, ¿existen las plantas carnívoras?
- Sí, comen pequeños insectos
- ¡¿Cómo?! ¡¿No comen seres humanos?!

El caballo del lechero (5° Grado)

- Hoy tuvimos una señorita nueva, y se puso a llorar en medio del aula
- ¿Cómo que se puso a llorar?
- Sí, porque nosotros nos portamos mal y nadie la escuchaba
- ¿Y qué pasó?
- Vino la directora y nos retó a todos, nos dijo que era una vergüenza que nos portemos así
- Y tiene razón…
- Sí, pero la seño no golpeó el pizarrón con el borrador…
- ¿Y eso que tiene que ver?
- ¿cómo íbamos a saber que nos teníamos que callar?


Juntos hacemos buen equipo (6° Grado)

- Me entregan todas las actividades de la semana que me las llevo para corregir
- Seño, yo no tengo las actividades
- ¿Por qué no las tenés?
- No sé, ¿y ahora qué hacemos?
- ¿Hacemos? Yo nada, vos tendrás que hacer
- Pero vos dijiste que éramos del mismo equipo


Final a lo Clint Eastwood (6° Grado)

Leímos el cuento de R. Stevenson “El diablo en la botella”

- Profe, no me gustó el cuento, tiene un final feliz y yo quería que Keawe se muera, al fin y al cabo, había hecho un trato con el diablo, no era buena persona.
- Bueno, es que a ustedes les gusta la violencia
- La violencia no, el realismo.

Entre la espada y la pared (6° Grado)

Habíamos leído acerca de las condiciones de vida de los cosecheros de algodón en la provincia del Chaco

- Profe, esa gente es pobre porque no le gusta trabajar
- ¿Vos crees? Debatámoslo.
- Yo no lo creo, lo cree mi papá.

Enseñanza personalizada (6° Grado)

Borré el pizarrón para copiar otra actividad.

- Borraste y yo no había copiado nada
- Pero Rocío ¿Por qué no lo copiaste?
- Vos no dijiste
- Dije “Copien el cuadro”, es más sos la única que no copiaste, todos tus compañeros lo hicieron
- Sí, dijiste COPIEN el cuadro, no dijiste ROCÍO copiá el cuadro.

No nos estamos entendiendo (3° grado)
Consigna: Confecciono una lista de enfermedades que no se contagian.
Respuesta: no comer muchas golosinas

¿Muerto? (3° grado)

Docente: Los tobas cazaban animales para alimentarse
Matías: ¿Comían animales muerto?
Docente: Si, los cazaban, los cocinaban y se los comían.
Matías: ¿Pero muerto?
Docente: Si, muertos
Matías: ¡qué asco comer animales muertos!
Docente: Nosotros también comemos animales muertos, el asado, las milanesas, son de vaca, también comemos pescado, pollo, cerdo y todos están muertos.
Matías: ¡En mi casa no comemos eso! ¡Mi mamá compra la carne en la carnicería!
Docente: Si, todos compramos la carne en la carnicería pero…
Matías: ¡Mi mamá comprar carne para comer los seres humanos, no carne de animales muertos!

Entre vómitos y “gómitos” (3°Grado)

“Si comés muchas golosinas, te duele la panza y a veces podés llegar a gomitar, si gomitas es asqueroso, porque en el inodoro quedan flotando los caramelos gomitados” (sic)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Posmodernidad


Será cuestión de posmodernidad pero ya a nadie le importa nada, ni siquiera escribir con buena ortografía.
Pr k si = nos enTnDmos...

martes, 28 de septiembre de 2010

Taurograma



Silvina siempre soñaba su sueño sola,
somnolienta sus sábanas sacudía,
solitaria sus suspiros susurraba,
sonriendo sus serenatas sentía,
sorprendida sus sonetos silbaba.

Su sagrada silueta sinuosa,
solitarias sombras salpicaba
sobre su sombría sala.

Saboreaba sus sensaciones,
sana, sincera, sutilmente
sintiendo sutil sosiego.

Serena sabía su ser,
salvado sería.

jueves, 22 de julio de 2010

Buenoas Aires se vive...


Anécdotas de mis días en Subte



Como asumir que soy una boluda en apenas 5 minutos

Hipótesis: Soy una boluda

1-Bajo a la estación de Acoyte, miro como una despavorida para todos lados porque no sé donde se saca el boleto… (Ticket, cospel o como se llame). Al fin lo encuentro:
- Uno hasta Puan
A lo que la señora de la boletería me responde:
- El valor del boleto abarca todo el recorrido. (Primera insinuación de un tercero a que soy una BOLUDA)
2-Le pregunto a la señora: ¿Cuánto es? (Bruto cartel delante de mí que dice: $1.10)
3-Empiezo a buscar las moneda, mientras la señora me mira con cara de desconcierto, claro, se estará preguntando: ¿porque carajo no le pago con un billete? (Segunda insinuación: sos una BOLUDA)
Finalmente, después de revolver bolsillos, monedero, mochila, etc., le digo:
- No tengo monedas.
- El subte no es con monedas. –Me contesta la mujer e implícitamente se leía en su rostro: ¿Sos Pelotuda, vivís en un Tuper o desayunaste con Whisky? (Tercera insinuación)
4-Finalmente consigo el boleto, obstáculo número 2: El molinete
Sospechosamente tecnológico, un aparato lleno de agujeritos y hendiduras con un cartelito en llamativas letras rojas digitales que dice: “INSERTE TARJETA AQUÍ”
Inserto la tarjeta, empujo el molinete… NADA
Otra vez… Nada
Se acerca el guarda…y me dice:
- Acá señorita… ( y me señala la hendidura de abajo, por donde ENTRA la tarjeta, no donde SALE como intentaba yo)
O yo estaba muy suspicaz esa mañana o la gente era muy obvia, porque también pude deducir que el “acá señorita” lleva implícito un “¿Y esta tarada es maestra? (Iba con guardapolvo) (Cuarta insinuación)
5-Al fin subo al subte, me siento y me doy cuenta (OH! MI DIOS!) Estoy yendo para Plaza de Mayo!
Aunque no lo crean… fui a Plaza de Mayo… para volver en el mismo coche a mi destino real que era “PUAN”
Conclusión: Hipótesis CONFIRMADÍSIMA! SOY UNA BOLUDA!

martes, 22 de junio de 2010

Tus manos


Tus manos papá
siempre me gustaron
Tus manos
son el claro reflejo

de una vida de trabajo
llenas de cicatrices,
de marquitas,

llenas de vida
si que se puede decir

que tus manos vivieron

Esas manos
que acariciaron mi infancia
que sanaron mis heridas
que forraron mis cuadernos
me peinaron el pelo
me hicieron juguetes
Esas manos de caminos mágicos
de aventuras inolvidables

Todavía hoy recuerdo

ese olor a nicotina
que estaba impregnado en ellas
Ahora mismo,

cuando huelo mis propias manos
tu recuerdo me invade
siento olor a papá

A veces extraño tanto tus manos papá
esas manos que me hicieron ciento un barriletes
las que me calmaron en noches de pesadillas
Esas mismas manos
que ahora

están ocupadas en otras cosas
Las manos que creen

que en mi adultez
ya no las necesito.

Tus manos papá
aún las necesito.

domingo, 11 de abril de 2010

Inescrupuloso - Silvina Julia Ruiz

Pedro se disponía a comerse un suculento huevo frito cuando descubrió la tragedia: la bolsa de las milonguitas estaba vacía. Miró su reloj, apenas faltaban tres minutos para la una del mediodía, si se apuraba llegaría antes de que la panadería cierre y con suerte podría comprar las últimas dos o tres milonguitas que le quedarían a esa hora.
Sin pensarlo dos veces, corrió a la calle, atravesó el jardín y ganó la esquina, cuál no sería su sorpresa cuando casi atropella a Don Esteban, su vecino, que salía de su casa con la misma prontitud que él.
No hicieron falta palabras, cada uno en los ojos del otro divisó el objetivo: hacerse de las últimas milonguitas de la panadería, ambos se miraron como dos gallos de riña, compararon fuerzas y sin mediar palabra alguna emprendieron la carrera.
Don Esteban, a pesar de ser mayor que él, tenía un mejor estado atlético e inmediatamente le sacó casi una cuadra de ventaja. Pero Pedro no se desmoralizó, cuando pasó por la puerta de Doña Rosita, entró al jardincito y al grito de guerra de “en un rato se la devuelvo” se montó en la bici y emprendió nuevamente el camino.
Faltaban apenas una cuadra para llegar a destino y ni noticias de Don Esteban, “claro – pensó riéndose por dentro –con la bici le debo haber sacado dos cuadras de ventaja”
Cuando al fin llegó a la panadería menuda decepción se llevó, ya había cerrado. Golpeó la puerta lo más fuerte que pudo y después de un rato salió Chicho, el ayudante del panadero que le dijo que ya no quedaba más pan, pero que Zoraya su esposa, le daría dos o tres para sacarlo del apuro
Se iba Pedro tan contento por haberle ganado a Don Esteban que no se dio cuenta del gigantesco bache que había delante suyo, cayó desparramado, milonguita de sombrero, y estaba aún tratando de reponerse del golpe cuando se acercó Don Esteban a ayudarlo.
- Pobre Pedro, que golpe te has dado, dejame ayudarte, discúlpame que antes salí tan apurado y ni te salude, es que tenía miedo a que cierre la verdulería, me había preparado un churrasquito y no tenía tomates…visto es que a vos te pasó lo mismo pero con la panadería… vení, vení que doy unos pancitos.

lunes, 22 de marzo de 2010

Te quiero y no

Te quiero y no
Te extraño cuando no estás
y cuando estás, extraño extrañarte
Quiero escucharte, leerte, mirarte
quiero tenerte y a la vez no
Quiero tus ojos para mi todo el tiempo
y cuando los tengo me agobian
Y cuando se van me hacen falta
Quiero que te vayas
Y cuando te estás yendo
quiero que te quedes
Quiero que me ames
quiero que no me ames
quiero amarte y no
No sos lo que busco
pero sos lo que está presente
Mi presente, ahora, en este instante
Estas palabras son tuyas
Estos minutos son tuyos
Yo, desesperadamente inconclusa
ahora, en este instante, soy tuya
y en cuanto escriba dos renglones más
tal vez, deje de serlo
Porque estás... y no
Porque no te tengo... y sí
Porque te necesito...y no
Porque no te amo... y sí.

Tristeza

“dejame como esas tardes,
Que muera de amor entre tus labios”
Mi amor

Mi amor confundido
Anda dando vueltas
La melancolía impregna el aire
Quiero dormir, soñar, no despertar
Es un abismo
El peor momento es el desamparo
Cuando el amor se convierte en escombros
Cuando tu rostro se transfigura y desaparece
La nostalgia crece
Para volverme lentamente vacía
Y hacerme sucumbir
En este rincón oscuro
de la espera.

lunes, 22 de febrero de 2010

Recuerdos Literarios

Mi papá era el mecánico de una empresa recolectora de residuos, y sus compañeros de trabajo eran pues, otros mecánicos, los choferes de los camiones y los recolectores. Estos, si alguna vez prestan atención lo verán, llevan detrás del camión, justo en la parte donde se tira la basura, una lona atada a ambos lados del camión que hace de gran bolsa, en ella, van colocando las cosas que la gente tira pero que aún pueden servir, entre esas cosas juntaban libros, no en el romántico sentido que seguramente ustedes están pensando sino para venderlo como papel.

No sé con qué artimaña mi padre los convenció y cada vez que juntaban libros se los daban a él.

Esta es la razón por la cual en mi casa si se revolvía un poco la biblioteca se encontraba desde el Manifiesto Comunista hasta Otelo, pasando por libros en alemán, inglés, francés e idiomas indescifrables así como Ibsen, recetarios, Sábato, biblias, Hemingway, Freud, libros de medicina y demás tema que se haría imposible enumerar.

Yo contaba con cinco años, y había pasado victoriosa mi primera aventura donde, semialfabetizada me entablé en una lucha cuerpo a cuerpo con las letras y me zambullí de cabeza a leer “Mujercitas” de Louisse M. Alcott, así que me animé y me sumergí en el mundo fatal de Horacio Quiroga y leí “Cuentos de la selva”, lo hacía a la noche, cuando me iba a acostar, rápido porque no quería escuchar el: “apagá la luz” en medio de la Gama Ciega.

A Quiroga le siguió Jorge Washington Ábalos, con “Shunko” y luego creo que “Chico Carlo” o “Mi planta de naranja lima”, obvio todos bajo la previa selección de mi padre a quien debo el placer por la lectura.

Y después de esta orgía literaria, la escuela. Primer grado. Teníamos un libro de lectura, ni siquiera recuerdo el nombre, ¡estaba tan emocionada con mi librito forrado con “contac” transparente! Comenzamos a leerlo a medida que nos “enseñaban” a leer. Todas las lecturas referían a la misma familia, Mamá, Papá, Ana que era la hija y su hermanito que no tenía nombre hasta casi la mitad del libro que descubrimos que se llamaba Joaquín. Y comenzaba así:
Ana amasa la masa.
Papá fuma su pipa.
Mamá ama a Ana.
Claro, el hermanito no podía tener nombre porque era imposible que alguien leyera “Joaquín” a esa altura del año.
Casi al final del libro decía “la familia se divertía mucho en la piscina” y un compañero leyó “la familia se divertía mucho en la pileta” muy bien le dijo la maestra. “Pero no dice pileta”, dije sin ánimos de ofender, “dice piscina.” “Sí, pero como ustedes no saben leer piscina, hagamos de cuenta que dice pileta”. E hice de cuenta, total, no era ni pizca de importante que la familia se divirtiera en la pileta/piscina ya que pobre gente, después de amasar la masa, fumar su pipa y mimar a Ana no les pasaba otra cosa.

Creo que ese fue el punto donde la literatura se abrió ante mí en dos caminos opuestos, uno, la escuela con Ana y sus papás y otro con Quiroga, con la tortuga gigante, con los montes santiagueños, con yacarés, surubíes y lechiguanas que hacen vasijitas en la tierra para poner su miel…
No me transportaba a ningún mundo Ana amasando la masa, ni su papa fumando su pipa, ni siquiera aún, que se diviertan en la piscina.

Nunca me atreví a decirle a la maestra que en casa leía libros de verdad, porque temía a que me lo prohibieran, por esa extraña razón que solo podíamos leer determinadas palabras.

Cuando logré encontrar un punto de contacto entre ambas fue durante la escuela secundaria, las dos literaturas se unieron, no digo en un solo camino, pero al menos eran paralelos.

Entró a mi vida la profesora de literatura de primer año, me acuerdo de su nombre, se llamaba Ida Mugno, nos hizo leer “Historia de Luz y Sombra” de Ada María Elflein, era una selección de cuentitos de la época colonial, más tarde “El cantar del mío Cid”, “El Quijote”, me maravillé con “La dama del alba” de Alejandro Cassonas, conocí a Gregorio de Laferrere a través de “Las del Barranco”. Luego tuvo el buen tino de pedirnos con una selección de cuentos para el primer nivel donde ya se colmó mi mundo literato de placer: Ray Bradbury, Borges, Manuel Mujica Lainez, José Martí, Marco Denevi.

Así pude ir haciéndome mi perfil de lectora y descubrir que me gustaba la literatura gauchesca, hice mi incursión por el Martín Fierro, por Don Segundo Sombra, caí hipnotizada ante Payró con sus cuentos de “Pago chico” y “El casamiento del Laucha”, descubrí a los “Cuentos fatales” de Lugones, a “La gallina degollada y otros cuentos” de quien fuera mi primera inspiración por esos lares de la literatura, Horacio Quiroga.

Entre la escuela y la biblioteca de mi casa donde ya los libros se guardaban en cajas apiladas unas arriba de otras porque no había más lugar donde ponerlos, y la vigilancia extrema que debíamos ejercer sobre mi madre, ya que en sus “limpiezas generales” pasaba dos o tres cajas de libros a su destino original que era la basura, me forme como lectora compulsiva, eso sí, no de gran paladar. Debido a la variedad, consumí todo cometiendo el pecado capital de la gula. Lindo y feo, conocido e ignoto, best seller y obras maestras, “Selecciones” y revistas “Humor”. Incluso había un ejemplar de la revista “Hortensia“

También leí lo que no debía. Ya contaba con 14 años y salteaba la restricción de mi papá, con total libertad leía lo que quisiera, recuerdo que a esa edad leí “La historia de O.“ de Dominique Aury y creo que el estupor me impidió hablar durante semanas, aún así lo terminé. Ese libro quedó en mi mente con la obra cumbre del erotismo, palabra que puedo ponerle ahora ya que en ese entonces no creo haber comprendido el real sentido del texto, me lo impedía mi edad y como consecuencia mi ingenuidad y creo que también la culpa de no dejar de leerlo. Muchos años más tarde lo releí para ver si verdaderamente se justificaba mi recuerdo y me encontré con una excelentísima prosa erótica.

Mis horizontes se fueron ampliando y llegué a “El hombre ilustrado” de Bradbury con el prejuicio que la ciencia ficción no iba a gustarme. Error, me cautivó.
Descubrí a Benedetti, que por esas cosas raras de la vida en mi biblioteca no había ningún ejemplar de él, a través de una amiga adolescente que me prestó, mientras sucumbía a la picazón de la varicela, “Primavera con una esquina rota” para que se me hagan más amenos los días de calvario. Bajo mi compulsión, apenas dos horas me duró la amenidad.

Por eso caminos del azar, llegué a Cortázar, Sábato, Anais Nin, Henry Miller, Isabel Allende, el hallazgo más placentero fueron “Las mil y una noches”, aún hoy no sé como terminó Scherezade de contarle los cuentos al sultán ya que solo tiraron a la basura el primer tomo, así que todavía no leo las 501 noches que me faltan.

Mi juventud me obligó a creer en la utopía, por lo tanto incursioné – en el muy amplio sentido de la palabra - en política. Me interesé por los pueblo sometidos y la gente marginada, lo que me llevó a Eduardo Galeano, y a toda biografía de aquel que de un modo u otro se opusiera al sistema: Mandela, Guevara, Castro, Gandhi, Evita…

Pasada esta etapa revolucionaria, volví a mis descubrimientos: llegué a Kafka, a Bioy Casares, a Sábato, Art, Dolina, a Ana María Shua, Pizarnik, Ocampo, a Vargas Llosa, Pablo Neruda, García Márquez, Humberto Eco.

Y de repente me encontré adulta, madre, maestra, en la biblioteca de mi casa, otra casa, otra biblioteca. Leyendo Elsa Bornemann, Silvia Schujer, Andrea Ferrari, Laura Devetach para mis alumnos, para mi hijo.

Y sigo y sigo

martes, 2 de febrero de 2010

Buenos Aires se sufre...

Intolerancias
Odio al Ser Humano 1

Situación: Mensaje de texto
Pregunta (mía): ¿Estás levantada todavía o ya estás durmiendo?
Respuesta: ¿Qué pasó?

Intolerancia: ¡¿Qué pregunte?! ¿Por qué no responder a una pregunta básica, simple, casi irrelevante?
¿Por qué preguntar “qué paso” si la respuesta simple, muy simple, era un paupérrimo monosílabo: Sí o No.


Odio al Ser Humano 2

Situación: Parada de bondi 86 (Caballito – Liniers)
Pregunta (del Ser Humano a Odiar): ¿Éste colectivo me deja en la estación de Haedo?
Respuesta: No, te deja en Liniers y de ahí podés tomar otro…
Ser humano Odiado: No, pero a mí me dijeron que el 86 me dejaba…

Intolerancia: ¿¿¿Entonces para que mierda me preguntas???

Odio al Ser Humano 3

Situación: Charla
Pregunta (mía): ¿Querés coca o jugo?
Respuesta: Sí.

Intolerancia: ¡¡¿Sí qué?!! ¿Coca o jugo? ¡¡Comprensión de mensajes orales por Dios!!

Odio al Ser Humano 4

Situación: Comunicación telefónica
Pregunta (de un odioso Ser vivo): ¿Pizzería?
Respuesta (mía): No, equivocado.
Pregunta: ¿Pero cómo? ¿No es el 4903-….?

Intolerancia: No señora,
¿No le parece que si en mi casa existiera una pizzería yo me daría cuenta?
Es tan simple como que puso el dedito en otro botoncito la putísima madre!

viernes, 22 de enero de 2010

El Puente

No quiero que esto sea un poema,
tampoco quiero que sea una prosa
quiero que sea lo que sea...
quiero que sea un puente
entre vos y yo
entre lo que siento y lo que digo
entre mi mal humor y mi alegría
entre este lápiz y este papel
Entre lo posible y lo imposible
o sea... entre vos y yo
Entre lo que puede ser, lo que es
y lo que nunca será
Entre la incertidumbre y la certeza
entre la seguridad y la duda
Resuminedo, entre vos y yo
Un puente
Para que me alcances
Para dejarme alcanzar
Un puente
para huir, pero también
para que me impidas escapar
un puente para que te juegues
y para jugar a que no entiendo
Las palabras escritas en un poema
o de cualquier manera,
como estas,
son la coartada perfecta
para poder decir te amo
sin necesidad de arriesgarse
sin temor a la respuesta
porque el otro
el otro también puede
responder con un poema.
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